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title: "Evacuados"
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date_published: "2026-06-15T15:13:00-03:00"
date_modified: "2026-06-15T15:15:53-03:00"
tags:
  - "El reflejo de tus ojos"
  - "Literatura"
  - "Mirta Pavón"
  - "Poemas"
  - "Posdata Press"
  - "Relatos"
author_name: "Mirta Noemí Pavón"
category_name: "El reflejo de tu mirada"
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category_description: "Columna literaria de poesía, relatos y narraciones."
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# Evacuados

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### *POSDATA Press| Argentina*

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*Por Mirta Noemí Pavón*

Tantos días de cortes de luz que sobrevivieron a mi mente recuerdos que siempre estuvieron. Con varios intentos de rememorar algo más sucedido en mi infancia.

Como la yerra, con la marca del hierro candente, así quedaron impresas algunas escenas de la inundación del 67.

Con solo cinco años, subiendo a un carro, después trasladados a un bote junto con mis tías y mis primos bebés por ese entonces.

Llevaba una pollerita muy corta (en los años 67 la minifalda era furor, algunas madres también innovaron con sus niñas), blanca, remera naranja tan fuerte casi flúor, y un frío impresionante que todavía tirito…

Como la película, papá… así vi a mi mamá y papá caminando detrás del carro con palos haciendo de bastones, sin entender por qué mi madre no estaba conmigo.

Ese viaje fue breve, creo que caminando son a razón de 30 cuadras, pero ese momento fue eterno.

Después siguieron algunos recuerdos muy borrosos del lugar: mis padres se encontraron conmigo, mis tías, mis primos en la iglesia San José de Pompeo, donde nos evacuaron.

La comida era un guiso con pedacitos de carne sin sabor. A mí me daba náuseas, no podía ingerirlo.

También aparecieron como pinceladas tenues el inicio de la inundación. El momento en que salíamos a la vereda y el agua venía como olas por la calle.

Desde muy temprano los hombres hicieron compuertas con la tierra y arena, pero el agua desafiante ingresó en todas las viviendas del barrio.

Subieron las camas con ladrillos y comimos fideos con manteca y queso.

El agua marrón se convirtió en un espectáculo: los sapos y ranas mostraron competencia nadando por las habitaciones. Atenta miraba a los sapos con esa piel asquerosa, me parecían repugnantes, pero no podía dejar de mirarlos. Trataba de encontrar algún parecido al cuento *“El príncipe sapo”*. De lejos mamá decía: “Cuidado, que esos bichos te mean y quedas ciega…”

Cuando estábamos en la iglesia, nos dijo una monja que el tío Napoleón con la tía Mary, que vivían cerca, nos habían traído milanesas. Fueron las mejores que comí en mi vida.

En casa, la cuadra quedó custodiada por el tío Cacho junto a su amigo Julio, que estuvieron como centinelas arriba de los techos.

Cuidaron nuestras pertenencias. Lo más valioso era la tele blanco y negro; mi padre la colocó arriba del ropero.

Al regresar a casa, la marca en las paredes con manchas de petróleo, un barro seco por partes como testimonio de aquellas aguas que bajaron turbias.

### Aquí y ahora

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Esto pasó durante el confinamiento social: el aislamiento la hizo permanecer junto a la ventana. Estática, elegante, con su cuello largo, tan largo que le permitía salir de la ventana, traspasar el balcón, recorrer las calles.

Retuvo cada sonido imperceptible. Observó a esa mujer en la parada con barbijo de brillos, la vecina tejiendo en el patio, el vendedor de chipa a los gritos.

De pronto abandonó la búsqueda de seguir husmeando.

Caía la tarde y sintió la ausencia de voces, la nada misma se hizo presente. Respiró profundo.

Ese panorama la hizo ingresar a la sala. Encontró sentido a ese estar por estar, sin prisa.

Se dirigió a la cocina para preparar su merienda. Con esmero y delicadeza eligió el mantel, la tetera con estilo romántico, puso scones y masas en un plato.

Se sentó, volcó el contenido de la tetera en la taza, saboreó despacio.

Todo era distinto, especial, agradable. Había elegido lo más bonito para ella.

Fue energía, alegría, presencia absoluta en cada rincón de su hogar.

Celebró cada momento, sintió que se abrazaba.

**Victoria**

![Copilot_20260615_150741](/download/multimedia.normal.a49511885d8680a5.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

En vigilia  
por todos  
liviana  
inquieta  
sin culpa  
pícara  
seductora  
calor de hogar en tus manos  
mantienes el nido tibio  
lechuza detrás de la reja  
viajera incansable  
Trasciendes sin equipaje  
en silencio  
no pasas desapercibida

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