Su dueña cuyo poder y según contaban no tenía límites (para hacer y deshacer a diestra y siniestra), decidió esconder a un joven que estaba desaparecido y siendo buscado con casi desesperación. Para lograr ocultarlo, dicen que recurrió a unos amigos que tenía en gendarmería a quienes les ofreció una muy abultada suma de dinero. Luego de convencerlos (algo que no le costó mucho tiempo), requirió de la eficacia de otro amigo con muy buena puntería que desapareció a los anteriores.
Todos los integrantes activos en la búsqueda del joven, incluyendo perritos olfateros, se perdieron días y días entre geografías sagradas, testimonios binoculares, daltonismo y pipas de la no paz.
Ella, mientras tanto, continuaba "negociaciones" por posibles entrevistas condicionadas a los medios o a algún periodista que entrara en el círculo alambrado donde sí autoriza la movida.
Quizás, según contaban, debían abrir un poco más la cabeza (sin por ello perder el cerebro) y ordenar a los jueces el allanamiento a su vivienda.
Pero pasó el tiempo y eso no ocurrió...(dicen que fué por respetar la tan famosas independencia de la "¿justicia?"
Entre mates y pastafrola siguen las reuniones junta votos...
Entre los muros del neurosiquiátrico de Saint-Rémy, Van Gogh encontró algo más que silencio: descubrió la luz. Allí, donde el dolor parecía encerrar toda esperanza, pintó los jardines, los cipreses y el cielo que aún lo miraban con ternura. Su encierro fue su libertad, y su locura, la chispa de un arte eterno.
Un texto que condense el espíritu del artículo, con tono evocador y literario: “Entre cenizas y silencios, la memoria de los bosques arde en palabras que buscan rescatar lo perdido.”
“Entre el ardor y la profundidad, Ortiz nos invita a pensar cómo las pasiones humanas pueden ser tan intensas como contradictorias: un abrazo que quema y, al mismo tiempo, ahoga.”