Era algo humillante, no me asustaba, pero sabía que nada podía curarme, no quería hacerlo, solo quería verme hermosa y mis vestidos y rubores podían darme lo que quería...
Puedo jurar al cielo que quise llorar cuando tomó mi mano y segundos después tomó el jazmín, ya no hicieron falta palabras, ni mucho menos escondernos del tiempo.
Este poema lo escribí en el transcurso de cuarentena, y es un mensaje, un deseo, un pedido para un mundo nuevo que podría ser mañana, y mañana puede ser en cualquier momento.
Entre expedientes y esperas, laten historias que no deberían archivarse. Porque detrás de cada papel hay abrazos suspendidos, infancias que crecen sin afectos y adultos que aún confían en que la justicia despierte
Un relato que viaja al San Francisco del siglo XIX, donde la necesidad de resistencia se convirtió en creatividad. La etiqueta de cuero con dos caballos tirando de un jean no fue solo un logo: fue la prueba visual de que la moda podía ser leyenda.