Dos poemas a flor de piel. La infancia como un territorio sensorial que nunca se apaga —colores, sonidos y criaturas que siguen brillando en la memoria— y el duelo como un cuarto que aún respira, donde la presencia amada persiste y la memoria sostiene lo que el tiempo intenta desvanecer.
Un episodio donde Servente y Plá dejan atrás la política para meterse en temas que importan: el crecimiento del autismo, la investigación con IA, los cambios culturales que vivimos sin darnos cuenta y el avance imparable de China en tecnología. Una charla íntima, curiosa y llena de preguntas que nos atraviesan a todos.
En este capítulo, Luis Orihuela se deja arrastrar por la música, el aroma del café y las preguntas que despiertan los espíritus inquietos. Una tarde suspendida entre Dvořák, Franck y Saint-Saëns, donde la imaginación se vuelve escenario y la conciencia, un territorio por explorar.