¿Es Hayu Marca un portal hacia otro mundo o solo una roca tallada?

28/01/2026POSDATA PressPOSDATA Press

  
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Crédito:descubra perú

POSDATA Press  |  Argentina


La puerta que no lleva a ninguna parte… o tal vez sí

Hay lugares que parecen haber sido puestos en el mundo para recordarnos que no lo entendemos todo. Uno de ellos se esconde en el altiplano peruano, entre el viento frío de Puno y la quietud azul del Lago Titicaca. Allí, en medio de un paisaje que parece detenido en el tiempo, se levanta —o más bien, se hunde en la roca— la misteriosa , también llamada Aramu Muru.

La primera vez que la vi, no pude evitar sentir que estaba frente a algo que no terminaba de pertenecer a este mundo. Una puerta tallada en una sola piedra, perfectamente rectangular, de unos siete metros de alto. Y en su base, un nicho más pequeño, como una segunda puerta dentro de la puerta. Pero ninguna conduce a nada. No hay pasadizo, no hay templo detrás, no hay escaleras ni cámaras ocultas. Solo roca. Roca y silencio.

Los lugareños dicen que ese silencio habla.

Cuentan que hace siglos, cuando los conquistadores avanzaban sobre el Imperio Inca, un sacerdote llamado Aramu Muru escapó con un disco de oro sagrado, una especie de llave ceremonial. Llegó hasta esta puerta, realizó un ritual y, según la leyenda, atravesó la piedra como si fuera agua, desapareciendo para siempre. Algunos aseguran que no murió, sino que cruzó a otro plano, a otra dimensión, a un lugar donde los dioses aún caminan.

Y aunque uno quiera ser escéptico, algo en el ambiente te invita a creer. Quizás sea la forma en que el sol cae sobre la roca al atardecer, o el viento que parece cambiar de tono cuando te acercás al nicho central. Quizás sea la sensación —difícil de explicar— de que alguien te observa desde el otro lado.

Los arqueólogos no se ponen de acuerdo. ¿Es una estructura preinca inacabada? ¿Un altar ceremonial? ¿Una formación natural modificada? No hay pruebas concluyentes. Y tal vez por eso la puerta sigue viva: porque no tiene respuestas, solo preguntas.

Hoy, viajeros de todo el mundo llegan hasta allí para meditar, para sentir “la energía del portal”, o simplemente para contemplar la inmensidad del paisaje. Algunos dicen haber escuchado zumbidos, otros haber visto luces. Yo no vi nada extraordinario… pero tampoco puedo negar que, por un instante, tuve la impresión de que la piedra respiraba.

Hay lugares que no necesitan templos ni muros para ser sagrados. Hayu Marca es uno de ellos. Una puerta que no se abre, pero que igual invita a cruzar.

Fuente:Posdata Press

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