Bonifacio Sánchez, como tantos wichis, camina cuatro horas hasta el hospital, Juan Domingo Perón, en Tartagal, y lo mandan de vuelta. Descalzo y desnutrido.
Agustina Selene, de 15 años, está desaparecida desde el pasado jueves. Mide 1,66 metros, es de tez blanca, cabellos largos lacios con flequillo a los costados y ojos negros.
Su expareja y abusador de una de sus hijas está detenido a la espera de la imputación. Pende sobre él una carátula de abuso sexual doblemente ultrajante.