Bonifacio Sánchez, como tantos wichis, camina cuatro horas hasta el hospital, Juan Domingo Perón, en Tartagal, y lo mandan de vuelta. Descalzo y desnutrido.
Agustina Selene, de 15 años, está desaparecida desde el pasado jueves. Mide 1,66 metros, es de tez blanca, cabellos largos lacios con flequillo a los costados y ojos negros.
Su expareja y abusador de una de sus hijas está detenido a la espera de la imputación. Pende sobre él una carátula de abuso sexual doblemente ultrajante.
Entre expedientes y esperas, laten historias que no deberían archivarse. Porque detrás de cada papel hay abrazos suspendidos, infancias que crecen sin afectos y adultos que aún confían en que la justicia despierte
Un relato que viaja al San Francisco del siglo XIX, donde la necesidad de resistencia se convirtió en creatividad. La etiqueta de cuero con dos caballos tirando de un jean no fue solo un logo: fue la prueba visual de que la moda podía ser leyenda.