
Expedientes que guardan ausencias
POSDATA Press
POSDATA Press | Argentina
Por Alejandra Ponce de León
En la vereda del juzgado de familia, sobre el cordón frío y gastado por tantas esperas, se sientan desde temprano personas de todas las edades. Una pareja de ancianos se acerca al mostrador, acompañados por su abogado. Ella sostiene con fuerza un sobre de papeles amarillentos, él se inclina para escuchar mejor. El abogado, con gesto serio, intenta darles confianza.
Preguntan por el expediente que les impide ver a su nieto. El empleado busca en la computadora, teclea, suspira… y finalmente dice: —“Ese expediente está archivado. Deberán esperar.”
El silencio se hace pesado. Los abuelos se miran, como si no entendieran. El abogado baja la vista, sabe que esa palabra —“archivado”— significa meses de espera, tal vez años. Y mientras tanto, el niño crece sin ellos.
La respuesta del empleado no es solo un trámite administrativo: es un golpe silencioso que cambia vidas. Y como ellos, tantas familias se enfrentan a la misma frase: “está archivado”. Allí comienza la verdadera espera, la que no figura en los expedientes pero se siente en el corazón.
Esto sucede en tantos casos. No es exclusivo de un juzgado de familia, pero aquí las ausencias pesan más porque detrás de cada carpeta hay un niño creciendo sin afectos. El archivo judicial congela destinos: los chicos esperan, los adultos se desgastan, y el tiempo se convierte en un enemigo silencioso.
Ese vacío también explica demoras. Mientras tanto, los expedientes se acumulan, se archivan, y las vidas se apagan en la espera.
Sin embargo, en medio de tanta demora y silencio, todavía queda un hilo de esperanza. Porque así como los papeles pueden moverse, también los destinos pueden reabrirse si alguien insiste, si alguien no se resigna.
No todo es resignación. Podemos mover los expedientes, pedir el desarchivo, insistir. Porque el tiempo pasa y si nadie empuja, las historias quedan atrapadas en papeles amarillentos.
En esta era digital, no podemos aceptar que las vidas se congelen en archivos de papel. Es urgente que la justicia se modernice, que las medidas cautelares se revisen, que los vínculos afectivos no dependan de la velocidad de un trámite.
¿Qué hacer?
No esperar: si la medida perdió sentido, pedir el desarchivo cuanto antes.
Insistir: los abogados deben moverse, porque la inercia perpetúa el círculo vicioso.
Visibilizar: contar estas demoras ayuda a que otros comprendan que el archivo no es final.
Exigir digitalización: archivar en papel en pleno siglo XXI es archivar vidas.
Desde mi formación académica en curso en la diplomatura de Asistente Judicial y Periodismo Policial y judicial en la UTN, cada caso real que atravieso o llega mis oídos se convierte en materia viva para mis exámenes y ejercicios. Y cada día agradezco haber estado alguna vez del otro lado, sin saber, esperando, para que hoy pueda ayudar desde otro lugar.
Esa experiencia me permite llevar otra mirada: mostrar que hay otra manera de evitar que estas situaciones queden quietas, que esa respuesta que cambia destinos no se convierta en definitiva. Porque detrás de cada expediente archivado hay niños y adultos que no pueden volver el tiempo atrás, y nuestra responsabilidad es que la justicia no les robe más futuro del que ya les quitó la espera.


Las noticias, las conversaciones, los lugares y hasta ciertas presencias van moldeando nuestro clima interno sin que lo notemos. Este artículo es un viaje hacia esa toma de conciencia: cómo aprendí a proteger mi energía, a elegir lo que dejo entrar y a construir un hogar —interno y externo— donde la armonía no es casualidad, sino decisión.





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