
Tradiciones de Navidad: por qué armamos el arbolito el 8 de diciembre
Posdata Digital | Argentina
“Cuenta la leyenda”. Aquella frase que denota el principio de la incertidumbre. Las tradiciones nacen de un día para otro, y se transmiten de boca a boca, de padre a hijo, de pueblo a pueblo, hasta que un día se afianzan, se tornan parte de una cultura, de una celebración, de la identidad de una comunidad. A veces su espíritu es tan contagioso que invade regiones enteras y engulle países. Se convierte en una costumbre colectiva que une, que acerca.
La Navidad es una de las fiestas más populares del mundo, y es una práctica que ya traspasó las barreras de lo religioso y se instaló como un evento que reúne familias alrededor del planeta. Un Papá Noel vestido con su típico traje rojo y blanco y sentado en un trono de un shopping, el pan dulce, en los países nórdicos, los villancicos y el muérdago. Pero ningún adorno, ninguna costumbre es tan central como el arbolito de Navidad.
En Argentina, el 8 de diciembre la gran mayoría de las familias de todo el país se despiertan con un claro objetivo en mente. Desentierran de algún rincón sombrío del hogar aquella caja -a veces un poco destruida por los años- llena de polvo que contiene el adorno más importante de la temporada navideña. Resurge el árbol de plástico, a veces blanco, pero en general verde y comienza su armado. Las borlas, las guirnaldas, las lucecitas y esos adornitos tan especiales con significados específicos. Para coronar la obra maestra: la estrella de Belén.



María Elcy Ramírez y el encanto colorido de su obra





