Los Guillerminos

Entre cartas ficcionadas y confesiones íntimas, la reconocida escritora Sil Pérez revive las tensiones políticas y los murmullos sociales que rodearon a Julio Argentino Roca y Guillermina de Oliveira. Un relato que mezcla deseo, poder y exilio, donde la historia se vuelve espejo de pasiones y sospechas.
Columnas - La Cima Del Tiempo20/09/2026 Sil Perez
IMAGEN EPISTOLA LOS GUILLERMINOS
  

POSDATA Press | Argentina

Fotos columnistas
Por Sil Perez 


Mi querida ausente,

En el exilio de mis pensamientos, hoy la confesión de este hombre polémico llega a la más profundo de las revelaciones. Las sospechas me están generando por estos días cierto malestar. Por si aún no lo sabe, en el pueblo apodaron a mis custodios, como “Los Guillerminos”. Caras y Caretas, con su postura irreverente, no dudó en hacerlo público.

Estos vaivenes nos provocan daño. La gente habla, murmura, despotrica. Usted es una mujer hermosa, y sobre todo inteligente. No quiero que se deje avasallar por los comentarios de la servidumbre, ni por las ironías de Amancio Alcorta.

Usted bien sabe que Eduardo no es ajeno a las sospechas. Mi amistad con él me condena, y mi propósito de tenerla entre mis brazos se extingue cada día más. Ayer, mientras nos despedíamos en el zaguán de don Victorino, me puse a pensar en la ausencia, en esta sensación de vacío que por estos días revoluciona mi entorno político.  Pienso en usted, y me vienen los recuerdos más vívidos: la enagua verde esmeralda con canutillos y con encaje, que descubrían sus pechos sensuales. La blancura de su piel, sedosa armonía que supe recorrer con frenética pasión. Y sus piernas, tan blancas como el alba, como el amanecer que tanto la perturbaba.

¡Ay, mi amada Guillermina! Me clavaría un puñal antes de confesarle mi decisión. Los tiempos tumultuosos me obligan a nombrar a Wilde ministro de Holanda (usted sabe lo que eso significa).

Más allá de las habladurías de Sarmiento, debo pensar en el bienestar de la distancia. En la lejanía, encontraremos el sosiego, al menos hasta que las aguas se calmen. Por la madrugada enviaré un carruaje, que los transportará hasta el puerto del Plata. El puente, anhelado proyecto de Eduardo Madero, les brindará, a Eduardo y a usted, un viaje digno. Escribo estas líneas con el pesar de un hombre atormentado, con la angustia de saber que, al leer mi carta, usted se habrá alejado del límite de lo prohibido.

Mi Guillermina, amada mía,

por siempre suyo, en el fragor de mis días.   

                                                      

Carta ficcionada de Julio Argentino Rocca a Guillermina María Mercedes de Oliveira

(esposa de Eduardo Wilde).

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