No puedo acostumbrarme a no sentir tus palabras.Escribí un día tu nombre en la arena. Y el mar con su fuerza imponente lo borró pero en las arenas del tiempo, atrapado quedó.
De pronto el viento levanta polvo y lo va arremolinando provocadoramente a nuestro alrededor y pienso que, en su interior vuela, como una fantasmal nube, una presencia que me acompaña y tranquiliza
Observo algo que antes no había notado y es que cada vez que mi esposa pasa ´por la biblioteca acaricia el cráneo suavemente igual que como lo hace con el mío.
Los días siguientes, a pesar de que lograba seguir escribiendo, notaba que algo me estaba faltando, como si en mi interior las ideas no pudieran completarse.
¿Sabes…? me gustaría soñar que me sueñas. Y en ese lugar, en ese mundo de los sueños donde lo maravilloso es posible, sentir que puedes compartir cada instante a mi lado.
La artista que vivía en su interior no la retrató, simplemente puso frente a ella un espejo y al ver expuesta su realidad sintió que la máscara debía quedar en el olvido.
El trazo que dejaste al dibujar tu amor en mi persona en forma profunda, dolorosa, sangrante hasta el final de los tiempos, aunque el destino dictase que no estés a mi lado, nada ni nadie podrá borrar.
Una conversación íntima con el hombre que ríe para no llorar, que perdió 65 kilos y ganó una vida, y que descubrió a los 21 años que todo lo que sabía era una mentira.
La salud mental de los jóvenes se enfrenta a un drama silencioso: la falta de propósito, la vulnerabilidad y el negocio inescrupuloso que lucra con su dolor.
Una charla que une política, tecnología y humanidad: del Atlántico Sur al futuro digital, con la mirada lúcida de dos pioneros que siguen encendiendo ideas desde su guarida de streaming.
Desde el exilio, los comunicadores sostienen la memoria de las luchas y las voces silenciadas. Ariel Montoya rescata esas historias —como Luis Cardoza y Aragón— para mostrar cómo la palabra se convierte en resistencia y puente entre pasado y presente.