Sensaciones en el Conurbano

“Villa Fiorito, tierra de potreros y memorias vivas. Donde cada calle guarda la infancia, los sueños y el eco de una comunidad que nunca dejó de latir.”
Tus Huellas en mi tinta18/06/2026 Mirtha G. Alvarez
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POSDATA Press | Argentina


Mirtha Gladiz Alvarez

Por Mirtha Gladys Alvarez


Villa Fiorito, partido de Lomas de Zamora

Donde viví mi niñez y adolescencia… Tierra de potreros de niños con grandes sueños. Donde las calles eran el lugar perfecto para jugar a la pelota, a la soga, al vigí ladrón, al 1, 2, 3 cigarrillo 43, a la ronda.

Mi barrio, sin dudas, una gran familia. Mis padres llegaron desde la provincia de Chaco a Lomas de Zamora allá por 1960, a un lugar descampado entre dos arroyos donde las inundaciones eran infaltables. Allí estaba la casita donde viviríamos.

Recuerdo que tenía escrito a lo largo, en una de sus paredes: “LOS 8 HERMANOS” Quizás… ¿una premonición?

La casa que un día se convertiría en el lugar de trabajo. El almacén de Don Negro y Doña Pety.

Hacia el norte se podían apreciar las vías del tren. El ferrocarril en el que todos los domingos hacíamos el paseo esperado: viajar hasta Libertad, la última estación. Con él nos dirigíamos a la casa de la Tía Negra a visitar a mis primas, todos los domingos.

Por la calle Recondo se encontraba el campito donde llevábamos a pastorear a las ovejas con mi perro Rintin, un ovejero alemán muy inteligente y fiel compañero. ¡Qué lindos recuerdos!

En ese campo hoy existe esta enorme plaza, con toboganes, hamacas para los niños y bancos para compartir un mate. También reunirnos en este hermoso evento y compartir este momento argentino.

Recuerdo Puente Blanco, hecho a pulmón por los hombres del barrio para poder pasar de un lado a otro de la calle. Por debajo de ese puente cruzaba el arroyito, donde en las tardes de sol pescábamos anguilas, ranas y jugábamos con los zapateros.

Con el tiempo ese arroyo se secó y muchos años después se hizo una calle. En esa esquina solo quedó la enorme piedra, parte de uno de los escalones del puente. Como recuerdo le dicen: la esquina de los pibes.

La única rivalidad que existía entre ellos: River y Boca.

¡Cuánto crecimiento! Los niños ya no juegan en esas calles de tierra.

Al oeste de la casita estaban las montañas, esas montañas que ya no existen. Ahora allí hay un complejo de departamentos.

Pegada a esas montañas estaba la cancha de tierra. En esa cancha los chicos jugaban a la pelota y los adultos a la taba. Siendo una niña, no me quedaba otra alternativa, con tantos hermanos varones, que unirme a ellos y jugar al fútbol.

¡Cuántos partidos se veían en esa cancha al lado de las montañas! O en la calle al costado de las vías del tren…

Villa Fiorito Hoy… Fiorito ciudad, tierra de potreros de niños con grandes sueños. La tierra del 10.

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