

POSDATA Press | Argentina

De entre los muchos objetos repartidos por toda la casa, obviamente los lienzos expuestos en las paredes fueron lo primero en llamar la atención de Shin.
—¿Los compraste tú, Viur? Veo que tienes varios cuadros de este artista distribuidos por tu casa.
—¿Te gustan? Me extraña que tú no le conozcas. Son de Totó. Como ocurriera en vida con Dalí, su personalidad le antecede. Yo diría que en gran medida sus telas se venden más por cómo es él, que por su pintura en si. Ws el mismo caso que con el escritor Bukonsky o Murakami. Dse les odia o se les ama. No tienen termino medio,
Shin, como siempre, se tomó su tiempo en contestar. Su naturaleza oriental nunca se veía influenciada por las prisas occidentales. Aunque si bien es cierto que en algunas situaciones podían resultar exasperantes sus silencios, en otras ocasiones, en cambio, aquellos silencios reflexivos los adoraba y esperaba hasta con una ansía manifiesta, que, para ella, no pasaba desapercibida. Agradecía se tomara su tiempo para contestarme y que no lo hiciera de manera inmediata e irreflexiva.
—Me gusta —dijo sin dejar de mirar el óleo titulado «El ojo indecente»— No lo conozco, me refiero al pintor, claro, no a su obra. Me desagrada la idea de llegar a sentirme influenciada por otros artistas, por sus obras, sus relatos. En la medida que puedo intento no dejarme ser intoxicada por sus otras formas de concebir el arte o, de expresar un sencillo sentimiento. Yo también podría dejarme llevar y hacer obras tan conceptuales como las de Duchamp y su famoso urinario… pero volviendo a la obra ¿Te costó cara?
—Este óleo, en concreto, fue un regalo de QR agradecido por todas las otras adquiridas en la galería, o bien, en su propio estudio. Cómo tú, es un artista muy especial. Aunque no tan hermoso, sensitivo y espiritual como tú.
—Eres un sol ¿QR? ¿No es Totó?
—Bueno, aunque Totó es bastante conocido por los galeristas, curadorees y coleccionistas de sus obras, los que tenemos algo más de trato con él le conocemos como QR. ¿Te gustaría conocerle? Podría arreglarlo si quieres, si eso no te intoxica, claro.
No necesité que me contestara a mi ofrecimiento. Su cálido beso sobre mis labios habló por si sólo y con behemencia.
—¿Cuando podré conocerle? ¿Este cuadro tiene algo que ver con los Iluminatti? Ellos utilizaron el simbolismo del ojo para representar que nos ven y vigilan sin que nos demos cuenta. ¿Tú lo sabías?
—Será mejor que él mismo en persona te diga lo que representa este cuadro. Hace mucho que no le he visto ni se de él... desde lo de mi padre, creo. Es el momento de comprarle alguna obra nueva, ¿No te parece? Voy a llamarle ahora mismo.
Dos días después, viernes, Totó nos invitaba a visitar su estudio y santo sanctórum. No era su estudio un lugar que conocieran demasiadas personas, salvo algún marchante de arte, y mucho menos era un sitio accesible para ser visitado por cualquiera. No sólo era importante el disponer de una cuenta corriente abultada —que también — sino que el gran Totó decidiera en su momento que aparte de poder pagar el importe que pidiera por su obra, él considerara eras digno de poseerla por entenderla y valorarla en su justa medida. Shin, aparentemente, no pareció sorprendida al verle invitarnos a entrar, aunque pensé que más bien se trataba de su educación oriental la causante de su rostro impertérrito e indescifrable, más aún que la máquina Enigma alemana, al menos para un occidental como yo. Totó Portaba en su cabeza una gorra a cuadros grises y beige, de la cual se desprendió al poco de saludarnos y entrar nosotros tras él. Shin no tardó en descubrir el porqué de ser llamado QR por sus conocidos más cercanos y afines a su trabajo. Sobre su frente, en aquella cabeza totalmente afeitada, se encontraba tatuado en grande el código QR de su dirección Web Oficial. No sólo era un tatuaje, cualquiera desde su celular, o tablet, podía mediante el láser leer dicho código y acceder a su página web, ver sus trabajos más recientes y, en el caso de estar interesado en alguna de sus obras, reservaría o adquirirla desde Internet. Incluso pagarla a plazos. Ante su cabeza de cráneo redondeado y totalmente afeitado al estilo de Jason Statham, llamaba la atención a la legua aquel tatuaje único y singular en color negro. Él era así, no una invención ni un producto comercial a la venta como tantos otros artistas. No obstante, cuando nos fuimos unos cuarenta minutos después, le había extendido un generoso cheque, y a criterio siempre del gusto de Shin, comprado la obra titulada «Amanecer con huevo frito». Sólo a QR se le podría haber ocurrido poner un huevo frito inmenso haciendo de sol con rayos de clara y reflejados en unas olas mansas de una playa desierta. ¡Magistral! dijo Shin nada más descubrirlo apoyado el lienzo en uno de los rincones cercanos al inmenso ventanal.
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